Lo que no vemos

 

 

 

 

Niño en la guerrilla en Putumayo. Foto: Germán Arenas Usme

Mocoa

Autor: Santiago Caicedo

´´Esta historia de un muchacho y su familia fue para mí tan impactante que cuando la cuento,  siento como si me hubiera pasado a mí…´´; Santiago Caicedo

Quieres saber cómo llegué a este centro de salud?

Todo comenzó en la reforma, una vereda de un lejano pueblo a la que solo se puede llegar por rio.

Mi nombre es Kevin Charry tengo 13 años, mi familia la conforman mi papa Jhony mi madre Gilberta, soy el segundo de tres hermanos, mi hermana Maryuri que ya no vive con nosotros y mi hermanito Fabián.

Mi papá es aserrador, cuando sale a cortar madera al monte,  se demora varios días en llegar a la casa , y para poder vender la madera que es con lo que sostiene los gastos de la comida , debe esperar que suba un bote comerciante ,  de los que compran madera …. Así como la mayoría de familias cercanas tenemos cultivos de coca, que ayudan al sustento de mi familia, la coca  solo la  podemos vender a los que para nosotros son la ley.

Mi madre Gilberta trabaja en la chagra y nos hace de comer, mi hermana Maryuri que es la mayor,  tiene 15 años, vive con su novio Wilmer integrante de la guerrilla, los dos están a la espera de un bebé.

Mi hermanito Fabián, solo tiene 4 años, por lo cual yo vendría siendo el hombre de la casa cuando mi papa se va a pescar o aserrar, a veces lo acompaño, pero también estudio, estoy en quinto de primaria, mi sueño es ser doctor y poder vivir en una ciudad con mi familia, para cumplir este sueño me levanto a las 4:30 am de lunes a viernes, me pongo mis botas, cargo el peque-peque de mi padre,   hasta la orilla del rio, este peque peque,  lo manejo desde que tenía 5 años, porque es el medio de transporte más rápido que tengo para llegar a la escuela, me demoro una hora en llegar.

Éramos ocho en el salón de clase de la escuela Luis Vidales,   pero ahora ya no, hace dos meses que ya no viene chucho,  siempre me pregunto porque no volvió, extraño hablar con él, Solo él sabía que a mí me gustaba Yuli, una niña de 15 años de la escuela, por eso últimamente vengo a estudiar con la botas nuevas.

Siempre he querido hablar con ella, pero hay un pequeño problema, tiene novio y es trabajador en unas de las fincas de don Jairo, que es un reconocido ganadero, un señor con muchos amigos en la guerrilla y mi padre siempre dice que es mejor evitar problemas con ellos porque son cosas serias.

Un día estábamos en casa aburridos con mi padre, pensando que hacer para conseguir algo de comer, pues no había llegado plata (compradores de coca), por ningún lado, el rio estaba muy seco y los botes no subían, y llevaban cuatro meses y la guerrilla no pasaba comprando, lo cual hizo que mi padre tomara una decisión que cambiaría nuestro destino para siempre.

Pasaron unos días, y mi padre se había buscado la forma de hacer llegar comida a la casa.

Un año después todo iba normal, pero recuerdo el día 13 de mayo de 2014, llegaba de la escuela a mi casa, en la entrada del rancho ,  me esperaban unos guerrilleros, fue ahí cuando solo vi a mi padre muerto.

La casa y los cultivos quemados; en medio de mi llanto recuerdo estas palabras “Esto les pasa a los que se quieran pasar las normas y no contribuyen con la causa…. Estamos en Guerra”.  Momentos después me dieron dos opciones para las filas o se muere, con lágrimas en los ojos y sin saber dónde estaba mi familia mi madre y mi hermano, no tenía más salida que irme con ellos.

Tiempo después, me di cuenta que mi padre había estado negociando los cultivos, con en este momento nuestro principal enemigo…Un cartel que poco a poco se venía adueñando de tierras y su principal recurso de guerra era el narcotráfico, me di cuenta también que a mi madre y hermano, les habían dicho que se perdieran de esos lados y que no podían volver….

Siempre me estaba preguntando donde estarían, pasaron muchos días… meses.

Fue un día en el que teníamos que recoger camaradas más abajo, por el rio y fue ahí donde después de tanto tiempo volví a ver a chucho, mi amigo de clases, Lastimosamente sin vida, gracias a las guerras por territorios, esto fue lo que me hizo reflexionar y pensando en la familia que me quedaba opte por escaparme. Llegamos al campamento, espere la noche… La fuga fue un desastre no dure ni dos minutos tratando de escapar y en el segundo anillo de vigilancia me dispararon.

Ahora ya sabes cómo llegue aquí a este centro de salud!

Me encontraba entre la vida y la muerte, Gracias a los acuerdos de paz, que en ese momento habían,  los recursos que antes utilizaban para la guerra, el gobierno los mandó en dotación para los centros de salud,  nuevos equipos médicos, personal médico … y me salvaron la vida…. Tiempo después con los programas que tenía el gobierno, volví a ver a mi familia, pude continuar con mis estudios, ya pude cumplir el sueño de estar con mi familia en una ciudad aunque no esté completa, Solo me falta el de ser médico.

Quisiera haber terminado este cuento así, Con este final  “feliz”….pero lo cierto fue que nunca hubo un acuerdo de paz, nunca dotaron los centros de salud de nuevos equipos, no existen médicos  que me salven la vida… ¡NO mandaron más recursos para salud!, nunca me salve!….Nunca volví a ver a mi familia!…. y nunca cumplí ninguno de mis sueños!!!!

 Los niños y jóvenes necesitamos de oportunidades,  queremos menos guerra, más inversión en educación, salud  y más oportunidades!!!

Santiago Caicedo, autor de este relato se inspiró en una vivencia de su municipio Leguizamo donde residía con su familia. Cuento que le valió el primer premio en un concurso de cuento en el colegio Santa Maria Goretti en Mocoa Putumayo.