Tejedores de sueños y esperanzas en Putumayo

En el municipio de Mocoa, 31 víctimas del conflicto están ayudando a cambiar imaginarios colectivos, a fortalecer la confianza y a transformar los conflictos en servicio comunitario a través de la estrategia psicosocial ‘Tejiéndonos’./Unidad de Victimas

Mocoa/LBM

La estrategia ‘Tejiéndonos’ de la Unidad para las Víctimas es una herramienta psicosocial que está siendo implementada desde el mes de febrero de 2020 en todo el territorio nacional y que en el departamento del Putumayo ha empezado a dar sus frutos empoderando a la comunidad víctima de desplazamiento forzado, en el marco de los procesos de retorno, reubicación e integración local.

Si buscamos en el diccionario la definición de la palabra ‘tejer’, encontramos que se trata de “entrelazar hilos o fibras, mecánicamente o a mano, para formar un tejido o hacer un objeto determinado”.

Si trasladamos este concepto a la realidad de una comunidad que ha tenido que sufrir los embates de la guerra, la definición sería la búsqueda de acciones que fortalezcan un tejido social y generen lazos de confianza.

Dilsa Mary Falla, una de las líderes del barrio Palermo en el municipio de Mocoa, Putumayo, cuenta con sus propias palabras lo que ‘Tejiéndonos’ significa para su comunidad: “Es la iniciativa que invita al cambio”.

“Es una estrategia maravillosa porque nos ayuda a fortalecer y a que la comunidad termine de apropiarse de lo propio y de lo común, y nos sirve también para transformar, para cambiar el tema de no prejuzgar porque eso también le hace daño a la comunidad”, apuntó al referirse a las capacitaciones que ha recibido junto a otros cinco compañeros para replicarla a otras víctimas, habitantes de su barrio.

¿Quién es Dilsa? 

Mientras habló de lo positiva que ha sido la estrategia para su comunidad, también nos compartió parte de su historia de vida. Tiene 50 años y dos carreras profesionales, es ingeniera y abogada. La vida ahora le sonríe tras muchos años de huir de la guerra.

Desde pequeña, ha tenido espíritu de liderazgo y no le gustan las injusticias. Tuvo que salir huyendo del Caquetá cuando tenía 14 años porque no estaba de acuerdo con que su papá cultivara coca. “En el año 84, mi meta era que mi papá y los amigos cambiaran y se pusieran a hacer otra cosa, pero eso no les gustó mucho y un día me dijeron corre que te van a matar, huí pero al poco tiempo mataron a mi papá”, recuerda.

Regresó a su casa después de tres años y retomó el tema de la finca: “Convencí a mi madrastra de que había que cambiar, nos fuimos a colocar un restaurante a Florencia, pero también a ella la mataron a plena luz del día en venganza por haber querido cambiar”. Una vez más tuvo que huir.

Se trasladó a Medellín en los años 90, donde la guerra por el narcotráfico se respiraba en cada esquina. Como no puede callar cuando algo no le gusta, hizo una denuncia que sin saberlo la haría huir una vez más. “En ese tiempo era normal salir a la puerta y ver la gente limpiando un revólver, les dije que si tenían su guerra eso no estaba bien y denuncié con la esperanza que le pusieran una solución a ese problema por eso fui hasta el Poblado para que no supieran, pero igual se enteraron y llegaron a mi casa y le colocaron un arma a mi pareja, nos amenazaron”.

Se considera una campeona huyendo con botas por las trochas de Colombia. Sus hijos estaban pequeños, reunió lo poco que pudo y se fueron a vivir al Huila, pero allí la historia de no poder quedarse callada se repitió una vez más y fue así que resultó viviendo en Mocoa desde el año 2004. “Adoro Mocoa, fueron solidarios en su momento conmigo, llegamos con una mano adelante y otra atrás”, comenta.

Llegó a vivir a Palermo Sur, el primer barrio de desplazados de Mocoa, por eso es exclusivamente de campesinos. “En el 2004 declaré y allí matriculé a mis hijos”.

Y después de tantos ‘ires’ y ‘venires’, dice que “algo que uno aprende es que todas esas cosas lo hacen increíblemente fuerte, lo hacen desafiar la vida, los inconvenientes y superar cualquier cosa”, y agrega que “a pesar del dolor me considero una mujer supremamente fuerte no me desplomo fácilmente”.

Por último, asegura que, con toda la experiencia adquirida durante sus años como profesional, mamá y víctima de desplazamiento forzado, pero sobre todo como aprendiz de la vida, está lista para socializar y replicar ‘Tejiéndonos’, como una estrategia de fortalecimiento para las capacidades de los líderes y de la comunidad para la transformación en aras de lograr la paz y la convivencia pacífica, y estrechar relaciones sociales.

“Es una oportunidad para desaprender actitudes, el ser humano tiene muchos paradigmas. Desde nuestro punto de vista eso es la estrategia”.