El regreso de la guerra al Putumayo

Foto: Vigilancia aérea en Puerto Asís ejército colombiano/Germán Arenas Usme/Colprensa

Puerto Asís/Colprensa.

Por: Germán Arenas Usme

En Puerto Asís, población ubicada en el bajo Putumayo y conocida como  la capital comercial del Putumayo, se respira de nuevo el miedo. Sus casi 59 mil habitantes saben que ha retornado el fantasma de la guerra como en los  tiempos más violentos que han vivido hasta ahora, y que dejaron más de mil muertos de manera violenta en la últimos 19 años.

El carrobomba que explotó hacia las seis de la mañana del viernes 4 de febrero del 2000 frente al hotel Balcón Quirama, en uno de los puntos más céntrico y activo del municipio, dejó dos muertos y nueve heridos es uno de los tantos recuerdos que aun los habitantes de esta población selvática del Putumayo, mantienen en su memoria como el recuerdo de una película de terror.

El atentado fue atribuido en su momento al frente 48 de las Farc, por el comandante de la policía en la época coronel Luis Alfonso Berrio y por el mismo secretario de gobierno departamental con funciones de gobernador encargado Álvaro Salas. La explosión confirmó el peor temor de los pobladores de Puerto Asís: comenzó la ofensiva de las Farc para recuperar el control territorial que habían perdido con las autodefensas en el bajo y el medio Putumayo. Una ofensiva en la que los involucrados nunca se vieron las caras ni hubo grandes combates.

Hoy 19 años más tarde los habitantes de las 128 veredas de la zona rural tienen el mismo temor de los inicios de la década del 2 mil. Hoy, el presente y el futuro del municipio está cubierto por un manto de dudas.


Operativos rutinarios por parte del ejército nacional/ Foto. Germán Arenas Usme/Colprensa

Guerra de nunca acabar

Puerto Asís, es un pueblo ubicado a 90 kilómetros de Mocoa, sobre la margen izquierda del río Putumayo. Fue fundado en 1912 por dos misioneros capuchinos que lo bautizaron así en memoria del santo italiano San Francisco de Asís. En un comienzo su importancia fue relativa hasta que, según la Contraloría Departamental, “con la llegada del camino de herradura en 1931, la localidad se vio de nuevo impulsada y al entrar la carretera en 1953, se convirtió en importante centro de intercambio comercial con Mocoa, el Valle de Sibundoy y Pasto”. Sin embargo, el producto que partió en dos su historia y su destino fue la coca.

Un habitante de la región que investigó la llegada de este cultivo al Putumayo, y hoy se encuentra exiliado por amenazas de muerte de la exguerrilla de las Farc, cuenta que las primeras semillas de coca llegaron a Puerto Asís en abril de 1979. Gonzalo Rodríguez Gacha, El Mexicano, fue quien las introdujo con la ayuda de comerciantes de la zona. La semilla pegó y comenzó a regarse sin control. Bajó al Valle del Guamuez y de ahí siguió por el río Putumayo hasta Leguízamo. Subió hasta Puerto Caicedo, pasó a Orito, y en su recorrido ascendente se instaló en Puerto Guzmán y Villa Garzón. La promesa de una riqueza fácil hizo que los campesinos cambiaran sus cultivos tradicionales por la coca y atrajo a miles de colonos de todo el país y a la misma guerrilla de las FARC.

Desde el Caquetá entraron por Puerto Guzmán, con intenciones de quedarse, expandirse y sacar su tajada de la bonanza coquera. Con el tiempo surgieron, gracias al dinero que recaudaron por cuenta de la coca, tres frentes más de las Farc que se adueñaron de las tierras selváticas del Putumayo y llegaron a ser los más ricos dentro de la organización. Casi una década duraron las buenas relaciones de guerrilleros y narcotraficantes. El dinero corrió a chorros, la gente bebía champaña en totumas o se daba el lujo de comer sólo gallinas de color blanco. Puerto Asís, vivió una prosperidad ficticia. La actividad de su embarcadero en esa época era de tal magnitud que alguien comparó lo que se veía allí con la imagen de las barcazas flotantes en Hong Kong. Así quedó bautizado el embarcadero desde entonces.

La alianza entre el grupo guerrillero y los narcos terminó de manera abrupta hacia finales de la década de los ochenta. En Puerto Asís dicen que El Mexicano, peleó por asuntos de dinero con el comandante del frente 32. La disputa terminó con una amenaza del narcotraficante de traer su ejército y sacar a la guerrilla del territorio. Así lo hizo. Gacha llevó a un grupo de ‘Masetos”, denominación que le daban a los hombres bajo su mando y que provenía de una generalización de la abreviatura de Muerte a Secuestradores (MAS), a la región y armó su propia guerra contra todo lo que le oliera a izquierda en el bajo Putumayo. Elías Carvajal, alias El Seis, comandaba el grupo de ‘Masetos’ que tenía su base de entrenamiento en El Azul, más al sur de Puerto Asís, hacia la frontera con Ecuador.

El recuerdo de los “Masetos”, y sus barbaries quedaron consignadas en un libro de denuncia sobre lo que ocurrió en esta parte del país, elaborado por la Comisión Andina de Juristas (hoy Comisión Colombiana de Juristas) una organización no gubernamental que vela por los derechos humanos en Colombia. Las FARC derrotaron militarmente a los “Masetos” en una operación que llamaron “Aquí estamos Putumayo”, que quedó consignada en vídeo. La operación insurgente se realizó en el Azul la base del ejército de Gonzalo Gacha.

Pero la violencia no paró ahí. Luego las Farc comenzaron a asesinar a todos aquellos que sindicaban de ser ‘Masetos’ o haberles colaborado. “Los milicianos invadieron los pueblos y continuaron la limpieza. En 1997 los paramilitares comienzan hacer presencia en el medio y bajo Putumayo hasta el año del 2005 cuando se dio la desmovilización del Bloque Putumayo al mando de Carlos Jiménez conocido con el alias de “Macaco”, hoy recluido en una prisión de alta seguridad en el interior delpaís.

Entre el 2005 hasta el 2016, la entonces guerrilla de las Farc, centro sus acciones subversivas con sus frentes 32 y 48 y parte de la columna Teófilo Forero, en el medio y bajo Putumayo, allí los comandantes guerrilleros impartieron la orden a sus hombres de atacar las infraestructuras petroleras, energéticas y viales de estas dos regiones, al tiempo que hostigaban con disparos a los grupos erradicadores de matas de coca y en algunas ocasiones a las avionetas fumigadoras como ocurrió el 3 de octubre del 2013 en límites entre los departamentos de Caquetá y Putumayo. Allí murió el piloto de la aeronave, como lo informo mediante comunicado la misma guerrilla.

Alias “Martin Corena”, ex comandante del frente 48 de las Farc, en dialogo con este medio recordó que la lucha armada era contra el Gobierno Nacional, por sus políticas implementadas para favorecer a las empresas multinacionales dedicadas a la explotación minera en especial a las petroleras, que contribuyen a saquear la riqueza natural del Putumayo, a cambio de nada, solo violando los derechos humanos y generando contaminación ambiental sin realizar inversión social.

Hernán Benítez,  otro veterano exguerrillero del Bloque Sur,     de las Farc, resalto que ellos nunca fueron ni narcotraficantes ni terratenientes, pero admite que si se cobraba un impuesto al narcotráfico por los cultivos, laboratorios, pistas de aterrizaje, impuesto para fortalecer las finanzas de la revolución.

La Firma de la paz

 Una de las regiones que celebro el acuerdo de paz, de pronto un acuerdo imperfecto ante una guerra perfecta fueron los casi 350 mil habitantes del departamento del Putumayo, que guarda en sus estadísticas 279.356 personas como víctimas directas del conflicto armado según registro de la Unidad de Victimas del Putumayo, estadísticas recopiladas desde 1995 hasta la fecha. La Unidad de Restitución de Tierras, registra 6 mil 684 solicitudes de reclamación de tierra hasta julio del 2019.

Una de las personas que celebro la firma del de paz entre el Gobierno Nacional en cabeza del entonces presidente Juan Manuel Santos y  Rodrigo Londoño Echeverry alias “Timochenko”, en representación de las Farc, el 26 de septiembre de 2016, fue la gobernadora Sorrel Aroca Rodríguez, quien le confeso al Papa Francisco, en su visita a Villavicencio el 8 de septiembre de 2017, la inmensa alegría y esperanza que sentía como mandataria y como habitante del Putumayo, que la paz llegaría como el sol al día, en un territorio que por décadas ha sufrido el embate de la violencia dejando un sin número de muertos, heridos, desaparecidos, desplazados y más.

 

 

El papa Francisco, y la gobernadora del Putumayo Sorrel Aroca. Foto German Arenas Usme/Revista Semana

El sabor de la paz la saborearon casi todos los putumayenses, en un paso fugaz que duro como un ilusión cuando los combatientes de la Farc, llegaron a la zona veredal de La Carmelita,  un 10 de enero del 2017, donde fueron recibidos con aplausos y gestos cordiales por los habitantes del medio y bajo Putumayo, no en animo de celebración por la violencia que sembraron sino, por el paso a dar, de dejar las armas y ponerle fin al conflicto armado.

Fueron tiempos nuevos, la paz paseaba las 24 horas del día por los pueblos, selva, montañas y ríos  vestida de blanco y con elegancia y coqueteo como lo relato en su momento Agustín Daza, un campesino curtido de sabiduría con más de 65 años de los cuales 50 los ha pasado en una vereda de Puerto Asís, sembrando cultivos mixtos o sea lícitos como ilícitos, con los cuales ha podido sacar adelante a sus 7 hijos de los cuales 5 hombre y dos mujeres de los cuales dos ya son profesionales y un tercero está acabando sus estudios profesionales.

Pero esa paz en Putumayo, comenzó a tener tropiezos a finales del 2017, cuando se comenzó a escuchar que había disidentes de los frentes 48 y primero de las Farc en Putumayo, que disputaban el territorio para el control del narcotráfico, Se comenzó hablar de enfrentamientos armados, amenazas de muerte a líderes sociales,  veredas enteras confinadas, reclutamientos a menores y asesinatos selectivos.

Esos rumores dejaron ser rumores al inicio del 2019 cuando alias Sinaloa, líder de las disidencias del frente 48 comenzó hacer presencia en lugares públicos del bajo Putumayo, con varios de sus hombres donde advertía el retorno de las Farc, y la implementación de la “Ley del Monte”,  como ocurrió en la vereda El Afilador, del municipio de San Miguel, en límites con el país del Ecuador.

Al otro lado del departamento en la zona norte Puerto Guzmán, en la región de Mayayoque, alias “Cadete”, manifestaba lo mismo y con acciones más contundentes. Hoy los dos alias están muertos; el primero asesinado por sus propios compañeros el 17 de marzo del 2019 y el segundo abatido por el ejército en un operativo realizado el 2 de febrero en zona rural de San Vicente del Caguán Caquetá

Independiente a las acciones de las disidencias de las Farc, la banda delincuencial de segundo nivel auto nominada como “La Construc”, cometía una serie de asesinato en el bajo Putumayo, bajo el mando de los narcotraficantes  Henry Loaiza alias “El Alacrán”, y Miguel Antonio Bastidas Bravo alias “Gargola”, ambos capturados por la policía en el mes de junio del presente año; a ellos se le contabiliza 71 asesinatos en lo que va corrido del presente año según la policía en el Putumayo.

El rearme en Putumayo

 El 29 de agosto del 2019 Luciano Marín Arango alias “Iván Márquez”, anunciaba el rearme de varios de los excombatientes de las Farc, en varias regiones del país bajo el argumento del incumplimiento del Gobierno Nacional de cumplir los acuerdos del dialogo del proceso de paz y por el riesgo que los mismos exguerrilleros corren ante ser asesinados o desaparecidos por las fuerzas oscuras enemigas de la paz, resolvieron retornar a las armas y seguir en lo que ellos llamaron una lucha social del pueblo y para el pueblo.

Danilo Alvinzú, rearmado de las disidencias de las Farc en Putumayo/Foto: Germán Arenas Usme/Colprensa

Uno de los nuevos jefes del rearme en el Putumayo, es Danilo Alvizú, quien comanda el frente  “Carolina Ramírez”, que cuándo se firmó el acuerdo de paz en el 2016, Danilo cambió las armas por las cámaras fotográficas. Entonces, se le veía en alguna rueda de prensa, o cerca de los grandes poderes de Colombia fotografiando. Empezó a trabajar como fotógrafo y videógrafo en la productora que los excombatientes fundaron y que se llamaba Nueva Colombia Noticias. Luego decidió empezar a trabajar por su cuenta. Algo que siempre, según él fue frustrante por la falta de oportunidad laboral, así lo comento en un reportaje al portal Cuestión Publica.

Varios de los nuevos rearmados de las Farc, ya han explicado del porque decidieron volver a las armas tras ver el incumplimiento y el engaño de los que fueron víctimas tanto por el Gobierno Nacional como de sus antiguos comandantes.

Para Alvizú, el actual Gobierno Nacional, no está brindando ningún tipo de garantía a los acuerdos de paz y más bien está colocando en riesgo a los excombatientes de las Farc, por lo cual lo obligo a retornar a las armas y defender la ideología que siempre le inculco “Manuel Marulanda” , ideología que según Alvizú, se vio traicionada por sus antiguos exjefes que negociaron un proceso de paz lleno de falacias.

Otro de los rearmados conocido dentro de las disidencias con el alias de “Alonso 45”, jefe del frente primero Farc,  y ex mano derecha de alias “Mono Jojoy”, fue enfático en manifestar que las Farc, están tomando fuerza en el Putumayo, con dos frentes los cuales se sostienen en parte con el impuesto que cobran por los cultivos de matas de coca, por ser un territorio con alta presencia de esos cultivos. “Esto no nos indica que nosotros seamos narcotraficantes”; asegura el jefe rebelde.

Pero varios de los nuevos Farc, o “marqueses”, como se definen por eso del liderazgo que infunda “Iván Márquez”, sostienen que uno de los mayores engaños de que fueron víctimas los antiguos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, fue en el tema de la dejación de las armas que en ultimas se convirtió en entrega de las mismas, concepto que aún no aceptan y por ello manifiestan como una traición.

Según el portal InSight Crime que la disidencia empezó a controlar cada aspecto de la vida en zona rural de algunas regiones del Putumayo, a la vez que seguían internándose en el departamento. Esto ha generado que Puerto Guzmán se haya vuelto impredecible, debido a que el grupo no tiene “una ideología como las Farc” ni “respetan el derecho internacional humanitario”.

En medio de ello, esta disidencia se ha aprovechado de exmiembros de otros frentes como el 32 para fortalecerse rápidamente, de acuerdo con fuentes en terreno.

Este es el caso de Puerto Limón, una zona al sur de Mocoa que es frontera entre Puerto Guzmán y Villagarzón, donde el Frente Primero se ha expandido con ayuda de los antiguos miembros del frente 32 que continuaron delinquiendo, a quienes la ex-Farc mafia ha absorbido.

Pero el Frente 1 no se conformó simplemente con la presencia en estos municipios, sino que continuó bajando hasta Puerto Asís, la zona más estratégica para el narcotráfico en todo del departamento.

Allí, sin embargo, se encontró con otro grupo ex-Farc mafia: el Frente 48, el cual, fue liderada por Pedro Oberman Goyes Cortés, alias Sinaloa, no accedió a caer bajo el paraguas criminal.

Debido a esto el Frente 1 y el Frente 48 se enzarzaron en una guerra en 2018 que, según una fuente en terreno, dejó un número sin identificar de combates y de muertos en zona rural de Puerto Asís.

Sin embargo, con el comienzo de 2019 y la muerte tanto de Cadete como de Sinaloa, no es claro si los enfrentamos han continuado.

Algunos explican que los herederos de Sinaloa sí han seguido la disputa con el Frente 1 en Puerto Asís, mientras que otros aseguran que hay conversaciones entre ambos grupos para llegar a algún tipo de acuerdo.

De una u otra forma, es claro que el Frente 1 está decidido a controlar secciones de Putumayo, porque entiende la importancia histórica que siempre ha tenido para la antigua guerrilla este corredor del narcotráfico.

Así, ya sea a través de alianzas con los otros grupos criminales o derrotándolos en combate, si el Frente Primero logra controlar el departamento se haría con la mayoría de la frontera sur de Colombia, consolidaría su presencia desde Vaupés hasta Putumayo, controlaría parte de las rutas del narcotráfico internacional y se convertiría en el grupo criminal más importante del sur del país.

En la foto: Monseñor Luis Albeiro Maldonado, obispo de la diócesis Mocoa-San Francisco/Foto: Germán Arenas Usme /Colprensa

Para el obispo de la diócesis Mocoa-Sibundoy Luis Albeiro Maldonado, y para las mismas organizaciones sociales el Fantasma de la Guerra, en el Putumayo, ha vuelto a rondar  este departamento enclavado en la selva al sur de Colombia.

En estos momentos por lo menos cinco grupos armados ilegales hacen presencia en el Putumayo, la mayoría dedicados al tema del control del narcotráfico. La Construc, Los Bonitos, Las Aguilas Negras y los disidentes del frente primero y 48 de las Farc.-